domingo, 24 de febrero de 2008

La Torre de Marfil

Hubo una época en que Mar del Plata fue casi una Torre de Marfil ,un grupo de escritores pasaba tanto tiempo acá que se podía pensar que eran habitantes permanentes.
Entre ellos se destacaban dos hermanas de vastísima cultura y un elegante escritor que, de vez en cuando, recibía la visita de un amigo porteño poseedor de un secreto, tenía la posibilidad de escudriñar el mundo entero a través de un agujero escondido entre laberintos y espejos.
La cuestión que estos artistas vivian felices y disfrutaban su tiempo entre disquisiciones filosóficas, cuentos y poemas bellamente escritos.
Pero la realidad de vez en cuando se pone rara y de golpe, casi de la nada, una invasión de contingentes turísticos inusuales empezó a visitar Mar del Plata. Eran personas que ni siquiera habían visto el mar .
Los invasores, mencionados como el aluvión zoológico por un intelectual democrático de fuste, ignoraron olímpicamente a los habitantes de la Torre.
Y llegando de a miles construyeron cubos de cemento mal apilados uno sobre el otro.
La ciudad entonces fue forjando un nuevo perfil, de refugio placentero de los pudientes a descanso de quienes ocupaban su mente en el trabajo.
Fue así que las dos corrientes se desencontraron, las dos perdieron digamos, los primeros por no entender a la vida que avanza en tropel y los nuevos por no intentar gozar de los bellos frutos.
Es así, que en las tardes de primavera, se puede observar en Villa Victoria a cuatro escritores que piensan nuevos libros entre el olvido de su presencia cotidiana en Mar del Plata

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