Estamos prestos a
celebrar los diez años de Kirchnerismo, los mejores años que recuerdo cabe
resaltar.
A partir de mi experiencia personal por supuesto, que, como
toda experiencia es intransferible.
No hay explicación ni discursos conmemorativos suficientes,
que hagan carne en los jovenes lo que para los miembros de mi generación y
alguna identidad, forma parte de su memoria vital.
Uno de los logros que con justicia se resaltan de estos diez
años, son los avances en materia educativa. Generalmente se subraya,el notable
aumento del presupuesto, la creación de nuevas universidades públicas en el conurbano , la entrega de 2.500.000
netbooks, más la construcción de centenares de escuelas.Le agrego la entrega
como material escolar de cerca de cuarenta millones, si cuarenta millones de
libros,de excelente factura y de los mejores autores argentinos y extranjeros,
como así también material didáctico.Existen también a disposición de los
directivos docentes, diversidad de programas destinados a alentar la inclusión
de quienes,por una razón u otra ,se encuentran en situación de riesgo.
Todo muy lindo y casi idílico, pero estimados contertulios,
sucede que también es cierto, que los alumnos llegan a la secundaria, con
serias dificultades de compresión de textos, no se arriman a los libros, el
respeto y el trato entre ellos mismos y para con los docentes, dista mucho de
ser el adecuado para la formación personal y la incorporación de saberes.
Lo más grave es que las falencias en este sentido, se profundizan
en la escuela pública y pareciera que la
sociedad está acomodada a dos educaciones, una de cierta calidad y otra …bueno,
es lo que hay.
En ese marco general hubo una saludable explosión y movida
entre los estudiantes secundarios de Mar del Plata,los que ha salido a la calle
reclamendo por el estado de los establecemientos escolares.
Sucede que luego de una insólita granizada que produjo
destrozos de importancia en diversos establecimientos educativos, quedó al
descubierto una vez más ,la pesadez,desidia o desinteres liso y llano de las
autoridades de Provincia con respecto a la infraestructura escolar.
Decenas de escuelas tomadas incluyendo ell Consejo Escolar ,
miles de alumnos secundarios movilizados, haciendo ellos su propia historia
,con notable desdén por aquello de gloriosos tiempos idos.
El temporal puso en la agenda el estado de los edificios,
que antes del mismo ya no estaban en condiciones ni de pasar una habilitación
municipal, y en el caso de alguno de ellos, como son alquilados, solo se
explica su funcionamiento en algun entongue con los propietarios de los mismos.
Con lo que se paga de alquiler desde hace treinta años se
hubieran podido construir diez escuelas.
Las escuelas municipales tienen en general una
infraestructura mucho más adecuada. No se tiene la traba burocrática de la
aprobación de La Plata y los trámites son más agiles.
La movilización estudiantil fue una noble patada en el culo
,un hermoso recordatorio acerca de que no bastan las celebraciones y la
realidad implica desafios.
Seguramente la oposición política habrá sacado algun
fruto,algunos de los jovenes serán críticos del gobierno, tendrán lecturas
equivocadas de la situación ,pero su llamado de atención es un recordatorio que
no todo está bien en la educación, que gran parte del presupuesto educativo se
va por el caño, no ya del juego y de la droga, sino por los subsdidos a
establecimientos privados, minando así uno de los basamentos de la sociedad.La
igualdad de oportunidades.Si tenemos una escuela publica con edificios
deteriorados y paro tras paro y una privada con buenas instalaciones y todos su
días de clase, mal andamos.
En ese sentido, me llegó una nota de una joven docente, hija
de unos queridos amigos.
La misma, si bien incluye consideraciones políticas que no
comparto, está escrita desde la trinchera.
Desde que estoy en el sistema educativo recuerdo la
presencia constante de diversas luchas. Como estudiante viví días sin clases
por paros docentes, participé de la carpa blanca que el sindicato plantó frente
a la casa de gobierno en épocas menemistas,
marché en contra de la implementación de las nuevas leyes de educación y
participé de tomas para evitar los recortes del presupuesto educativo. Como
profesora de educación media aposté también, a los paros docentes y del
personal auxiliar por mejoras salariales
ya que considero que es la única medida real y efectiva hasta el momento, para
lograr acercarnos a un sueldo digno. Es decir, perder días de clase no es bueno
para nadie, pero si no fuera por las huelgas y nuestras históricas jornadas de
lucha, lamentablemente cobraríamos menos que migajas.
Este año empezamos las clases con conflictos serios con el
gobierno municipal, provincial y nacional. Acatamos todos los paros que se
llamaron de los distintos sindicatos, pero sólo conseguimos un aumento escalonado
del 22% (a pagar en cuotas) que sigue estando por debajo de la inflación. Es
decir que, trabajando lo mismo cobramos menos. Se nos impuso una conciliación
obligatoria y se nos “aumentó” el sueldo por decreto. Mientras tanto, perdimos
días de clase por feriados, paros de auxiliares y amenazas climáticas y
seguimos yendo a trabajar con cada vez menos esperanzas de enseñar como alguna
vez soñamos que lo íbamos a hacer cuando éramos estudiantes y veíamos en la
práctica docente la posibilidad de aportar a un cambio de la realidad.
Las dificultades y las trabas que nos impiden lograr
nuestras planificaciones vienen por varios frentes: puede ser el frío, puede
ser la violencia entre pares, pueden ser las absurdas leyes que en nombre de la
seguridad no permiten hacer casi nada más que hablar, puede ser la burocracia o
el desgano. La realidad es que cada vez se hace más difícil el trabajo en el
aula.
Antes de que termine nuestra prohibición de huelga, fueron
los y las estudiantes quienes dijeron BASTA. De a poco y por goteo, nos fue
llegando información de que algunos colegios de la ciudad estaban tomados por
estudiantes y que lo que querían (se decía) eran mejoras en los edificios. Eso
es fácil de comprobar y entender porque hay hechos concretos: escuelas con el
techo todavía agujerados por el granizo, cursos con los cables pelados a la
vista, paredes con grietas profundas, falta de puertas y ventanas, y también
como si fuera obvio, falta de pintura y calefacción. En las escuelas de la
periferia (esas en donde sólo llega un micro de línea y tarda más de 45
minutos) también faltan útiles, sillas en condiciones y bancos. En los
establecimientos educativos son comunes los baños clausurados y las pérdidas de
caños de agua o cloacas. Mugre, basura y falta de espacio verdes, abundan casi
siempre.
También hay escuelas en donde las condiciones edilicias
están relativamente garantizadas. Son en su mayoría privadas o escuelas del
Estado en donde la cooperadora funciona como para sostener el edificio en
condiciones dignas. Es decir, se mantiene o se arregla la escuela con fondos
que salen de cuotas, rifas, fiestas, aportes voluntarios, subsidios o
donaciones.
Más allá de la calidad de los establecimientos, que van
desde colegios tipo shoppings en donde todo parece funcionar, hasta otros que
parecen cárceles para menores en mal estado, lo que es seguro es que en todas
las escuelas se respira CRISIS. En todas tenemos estudiantes con familias
realmente violentas o ausentes, problemas graves de alimentación, concentración
y adicciones, casos de acoso o bulling, falta de formación docente, desinterés
por los temas y dificultades para cumplir con los amplios programas
curriculares de las materias. Cada vez hay más estudiantes en las mesas de
diciembre y febrero para rendir lo que no aprendieron durante el año y cada vez
es mayor la repitencia y el abandono escolar. ¿A dónde van los chicos y chicas
que dejan la escuela con menos de 18 años? es una pregunta que nunca debemos
dejarnos de hacer.
No estoy tratando de buscar responsables, porque si bien los
hay, no resuelve del todo el problema identificarlos (cada uno y cada una
sabemos de nuestra porción de implicancia en este caso). Si creo que quienes
estamos a cargo de adolescentes vivimos con la presión de formar el futuro por
un lado, pero de “parar la olla y el malón” al mismo tiempo por el otro. Se
pretende que hagamos milagros, pero se nos paga como si no hiciéramos nada más
que ir a un puesto de trabajo a firmar el presente.
Cabe mencionar que quienes estamos al frente de un curso
tenemos que: explicar y trasmitir conocimientos en un determinado orden y
tiempo curricular, llenar el libro de temas, pedir orden y silencio (varias
veces), hacer trabajos prácticos, guías o dar algunas consignas como para que
haya tarea en las carpetas (directivos/as o inspectores suelen pedirlas para
corroborar el trabajo en clase), hacer un seguimiento con notas para poder
calificar a fin de trimestre, comunicar el rendimiento de los y las estudiantes
por cuaderno de comunicaciones, hablar personalmente con estudiantes que estén
pasando por un mal momento personal, ver videos o películas que tengan relación
con la materia para despertar el interés, promover el buen trato, el diálogo y
los buenos valores, corregir tareas en nuestras casas y hacer reuniones con
preceptores, docentes y directivos para mejorar nuestra labor y muchas cosas
más, como entregar planillas de incompatibilidad, salario, proyectos, etc.
Trabajando 14 horas semanales frente a curso se gana
alrededor de 4 mil pesos, pero en Mar del Plata no se consiguen alquileres
dignos por menos de 1500. Pagando la comida, el transporte y los impuestos nos
gastamos el resto. Como los docentes somos personas que además queremos viajar,
comprarnos libros, ropa y pagar alguna salida, en general nos vemos en la
obligación de trabajar más. Cuanto más horas de trabajo se tengan, peor suele
ser el rendimiento laboral y si el rendimiento laboral se mantiene, lo que se
perjudica es la salud del docente. Cada día hay más carpetas médicas de maestras,
profesores y profesoras que por enfermedad, están con licencia. Las dolencias
son variadas: angustia, insomnio, dolores de cabeza, afonía o disfonía,
conjuntivitis, afecciones respiratorias y un largo etcétera productos en su
mayoría del stress y de la alienación laboral que queremos revertir pero que
pareciera que no sabemos cómo.
Estudiantes en lucha
Todavía me emociono cada vez que reconozco grupos de
estudiantes con ganas de cambiar el mundo. Lo bueno es que, con mayor o menor
grado de organización, siempre encuentro.
Actualmente trabajo en 6 escuelas: una privada, una
cooperativa, una nocturna, dos de la periferia (de las cuales una es rural) y
en el Bachillerato Popular América Libre. Ninguna hasta el momento está tomada
ni hubo protestas organizadas por parte de los estudiantes. De las tomas me fui
enterando por las radios locales, los comentarios de colegas que sí trabajan en
escuelas tomadas y por haber ido junto con compañeros y compañeras del
Bachillerato Popular a visitar una escuela en toma y el consejo escolar del
distrito de General Pueyrredón que también está siendo pacíficamente ocupado.
Mi opinión es que siempre es bueno que la gente se encuentre
y comparta sus problemas y analice las posibles soluciones. Me parece que en las
escuelas no hay suficiente lugar para el diálogo y que los y las adolescentes
se junten y tomen medidas para poner un freno a los atropellos del sistema
educativo me parece, en primera instancia, perfecto.
También creo que no se les puede pedir ni exigir más de lo
que están haciendo. La única manera de enseñarles a luchar es con el ejemplo.
Me parece que si en esta lucha como en tantas, no hay objetivos claros es
porque recién los están buscando y porque como adultos no los tenemos tampoco
explicitados. Si la lucha es desorganizada es porque no hay aún práctica
concreta de organización de base. Si la lucha no está bien difundida es porque
todavía no hay los suficientes canales de comunicación abiertos y democráticos.
Si lo que se ve parece “más circo que lucha” es porque la juventud también
tiene derecho a divertirse. Si lo que molesta es la participación de personas
adultas con claras ideas políticas y la pretensión de imponerlas, es que no
estamos pudiendo confiar en el pensamiento libre y crítico del movimiento
estudiantil organizado. Si lo que se ve es falta de ganas de estudiar, también
hay que ver la falta de ganas de enseñar. Si lo que vemos es gente joven con
ganas de crecer en rebeldía haciendo sus propios caminos de búsqueda de una
sociedad mejor, entonces difundamos la lucha, acompañemos los reclamos,
escuchemos sus demandas, respetemos sus métodos y tengamos paciencia. Como
decía Benedetti: lento viene el futuro, lento pero viene. Docentes luchando
también estamos enseñando.
Lucía Gorricho
Como he dicho,no comparto algunas de las apreciaciones de Lucía, pero son las miradas y críticas que valen tener en cuenta.
En estos días y en nuestro ámbito blogueril, hemos asistido un tanto apenados a una suerte de lanatización de opinadores, insultos sin fundamentos y acusaciones pueriles, en lugar de un mínimo de análisis de coyuntura,que ,como de costumbre, no se puede dejar de reclamar entre quienes se asumen como analistas de la realidad política.
En cuanto a Lucía, ya vendrán los tiempos en que lo toque patalear ante las posiciones y actitudes de Manuel que desde sus 8 o 9 años está empezando a vivir en una Argentina mucho mejor que la que le tocó Lucía y mucho mejor aun que el pasado que aún cargo.